
El mundo del gaming actual puede suponer una verdadera odisea para quienes comiencen a preguntarse qué sistemas pueden ser mejores para sus videojuegos. La armonía entre los componentes es básicamente lo que crea una experiencia más fluida, pero básicamente toda la actividad pasa por tres epicentros: el procesador, la tarjeta gráfica y la RAM.
Por lo tanto, el rendimiento no se mide como una cifra estática del 1 al 100, sino como el resultado de una correlación permanente entre estos 3 componentes fundamentales. La gráfica esculpe cada píxel y efecto de iluminación, el procesador dicta la lógica y la física del juego, y la RAM actúa como el puente de alta velocidad entre ambos.
Ahora bien, dependiendo de si quieres jugar en una calidad competitiva a 1080p, o sumergirte en mundos ultrarrealistas a 4K, el peso de cada componente va variando. Por lo que en los siguientes apartados vamos a decirte cómo interactúan estos 3 pilares, para que entiendas dónde pueden residir los problemas y la actividad principal.
La función de la GPU
La GPU (Unidad de Procesamiento Gráfico), o básicamente, la tarjeta gráfica, sigue siendo el componente que más influye en la calidad visual de un juego. Su función es transformar los datos matemáticos en imágenes. Al subir la resolución a 4K, el número de píxeles que la tarjeta debe renderizar aumenta ostensiblemente. Lo que supone que, a mayor resolución, más peso de la GPU.
En juegos a 2K y 4K, la CPU pasa a un segundo plano, ya que la velocidad del juego está limitada por lo rápido que la propia GPU pueda dibujar los fotogramas. Un benchmark de este mismo año de Tom’s Hardware demuestra que, en entornos con una alta carga gráfica, la diferencia entre procesadores tiene menos impacto, pero que el salto entre tarjetas gráficas puede suponer un incremento del 60% en FPS.
El desempeño de la CPU
Si la GPU es el músculo gráfico, la CPU (el procesador) es el cerebro tras el juego. Su influencia es absoluta en juegos que tengan mucha carga de físicas, inteligencia artificial o en títulos multijugador tipo MMO. A resoluciones más bajas, como 1080p, es el procesador el que suele limitar el rendimiento del juego.
Si tienes una tarjeta gráfica potente, pero un procesador antiguo, sufrirás el temido «cuello de botella». Es decir, que la GPU terminará su trabajo más rápido y tendrá que esperar a que la CPU le envíe las siguientes instrucciones. Los análisis de Club386 sobre los últimos procesadores X3D confirman que una buena memoria caché en la CPU reduce enormemente el «stuttering» (tirones en pantalla). Lo que garantiza que los fotogramas sean más estables incluso en los momentos de mayor acción en la pantalla.
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