
A la hora de comprar hardware hoy en día, si buscamos pruebas de rendimiento «reales», tenemos que enfrentarnos a una lluvia de gráficas, porcentajes y rankings. Y es cierto que los tests benchmark ayudan, siempre que elijamos correctamente. Pues pueden decirnos qué CPU rinde más que otra, o si una GPU funciona en su rango normal.
Pero el error típico que podemos cometer como compradores es pensar que una puntuación más alta se traduce automáticamente en más FPS, más fluidez o más rapidez para nuestro uso diario. La realidad, en este caso, puede tener un poco de más capas. Ya que también depende en gran medida de los juegos, programas, drivers o de la propia configuración. Así como esa parte del equipo que puede crear cierto cuello de botella.
Por ello es tan importante diferenciar entre un benchmark sintético y el rendimiento final de un PC. No se trata de que los benchmarks mientan o no, sino que miden cosas distintas. Si aprendes a leerlos como una herramienta complementaria, y no como un veredicto absoluto, podrás ahorrarte bastantes compras equivocadas.
Qué mide un benchmark sintético
Un benchmark sintético es una prueba controlada, y siempre repetible, diseñada para «estresar» partes concretas del hardware con cargas artificiales de trabajo. Estas cargas de trabajo que ponen a prueba a los distintos tipos de software son las que nos dan una imagen comparativa de distintos equipos en condiciones de trabajo similares. De hecho, lo bueno es que elimina muchas variables de esta ecuación. Ya que siempre se miden con la misma escena, mismo proceso, mismo cálculo y un resultado extrapolable a cualquier otro PC.
Un ejemplo muy conocido de benchmark sintético es 3DMark, cuya premisa es medir el rendimiento gráfico/CPU con tests predefinidos. Una vez realizados, se puede comparar el resultado y monitorizar en todo momento el comportamiento de un sistema durante la prueba (temperaturas, FPS…). En cuanto a benchmarks que se centren en CPU, encontramos SPEC CPU, pensado para aportar una medida comparativa del rendimiento computacional de un microprocesador.
Por lo tanto, podemos decir que un benchmark sintético es útil para comparar la potencia «en bruto» de distintos componentes, como CPU o GPU. Además, también nos sirve para detectar si nuestro PC rinde por debajo de lo que debería, ya sea por problemas de throttling o de una RAM mal configurada. Asimismo, también podemos ver el escalado de rendimiento. Es decir, cómo desempeña sus funciones la CPU según los hilos que se pongan a prueba en varios tests.
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